El otro día abrí una cuenta de banco. Aquí, como en Francia, aún se estila mucho el uso de los cheques; así que lo primero que te dan cuando abres una cuenta es tu talonario de cheques. Como se puede ver en la foto, son toda una monada... No me imagino yo pagando un coche o una casa con un cheque de Bugs Bunny. Eso es dar pie a que, en cuanto lo entregues, te pregunten: "¿Estás seguro que este cheque tiene fondos?". La salida mas airosa ante esa situación sería: "Macho, o te pago con esto o con dinero del monopoly. Tú verás.". En realidad son unos cheques promocionales, el siguiente talonario es más austero. Para comprar con Bugs Bunny, hay que pagar un plus...
Los bancos aquí también son dignos de ver. Vienen a ser como los bancos del oeste, pero con muebles de los años 70. No invierten
tanto en imagen como en Europa (al menos por esta zona) y no hay bombardeo de promociones tampoco. Y algunos bancos más parecen agencias: muy locales y a lo sumo tienen 20 oficinas.Si no fuese porque los McDonalds se esmeran mas en promoción y decoración (aunque sea hortera, que de Ronald McDonald tengo pendiente hablar otro día...). Si no fuese por eso, como digo, uno podría confundir un banco con un fastfood. Puedes ir al banco en coche y te atienden por un interfono, como en un Macdogüel. Si tienes que entregar o firmar un documento o quieres retirar dinero, lo intercambias con el bancario a través de un recipiente que viaja por unos tubos de vacío. Muy fuerte. Personalmente yo prefiero ir por la ventanilla convencional. Ponerte pesao con el cajero del banco es un derecho que tenemos todos los humanos y eso se tiene que hacer tête-à-tête.
Y, bueno, el pajarito es una especie de paloma que hoy, al salir de trabajo, encontré que había decidido echar un reposo en mi coche. Debo infundir bastante poco respeto porque pasé a su lado, entré en el coche, pegué un portazo, saqué mi cámara, le hice una foto, volví a salir del coche, le hice otra foto... y él no se inmutó hasta que pasó una bandada de pájaros y echó a volar detrás de ellos. Algún palomo al que le habría echado el ojo, supongo.
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