domingo, 30 de abril de 2006

Vancouver (a.k.a. Hong Kouver)

Este mes también tuve la ocasión de visitar Vancouver, en la costa Pacífica de Canadá. Es una ciudad muy agradable. El clima es húmedo, pero eso hace que la naturaleza, la vegetación y los jardines sean impresionantes. El estilo de vida es relajado, suelen ser gente amable, sana, deportista y comprometida con la Naturaleza.


Vancouver es un hervidero de inmigracion (sobre todo asiática) pero la integración es bastante buena y le da un toque multicultural muy interesante.






























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El otro Nashville

Cerca de Columbus hay un pueblito llamado Nashville, pero el Nashville que posiblemente conozcas por ser La Meca de la música country es otro (Nashville, Tennessee). El Nashville de Indiana es un pueblito turístico paradójico: no hay nada especialmente remarcable en él, pero la calle principal está plagada de pintorescas tiendas de artesanía y souvenirs turísticos. De modo que los establecimientos turísticos se convierten en la atracción turística. Algo así como si la gente fuese a un estadio de fútbol por el ambiente, pero no hubiese ningún partido jugándose.

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sábado, 29 de abril de 2006

El día de la camisa hortera

En fín, un tema más agradable: Para este viernes, Recursos Humanos convocó algo así como el "Día de la camisa Hawaiiana" para celebrar la llegada del buen tiempo.


No puedo decir que el éxito de la convocatoria fuese absoluto, pero sí que fue curioso ver a una cuanta gente en el trabajo con esas camisas que parecían sacadas de una fiesta de disfraces. Yo no la secundé, básicamente por tres razones:

  1. No tengo camisas hawaiianas.
  2. Si las tuviese, creo que no me las pondría.
  3. Teniendo en cuenta que soy nuevo y no conozco el éxito que tendría la convocatoria, lo más sensato era evitar el riesgo de ser el único idiota que venía al trabajo con una camisa de las que llevaban Los Manolos.
¿Cuándo entenderá la gente de Recursos Humanos que su trabajo es subirnos el sueldo, no tratar de motivarnos?

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Rotundidad policial

Este jueves, cuando volvía a casa del trabajo, me encontré cortada la carrera por la que suelo acceder a la autovía. Habían muchos coches de policía, unidades móviles de televisión y 3 helicópteros sobrevolando la zona.

Al día siguiente supe lo que había ocurrido: parece ser que un hombre que había secuestrado a su hija de 2 años fue identificado y se dió a la fuga. Lo bloquearon en esa carretera y él salió del coche con un arma en la mano. Y ahí fue cuando lo acribillaron.

No voy a hacer juicios de valor porque no conozco bien las circunstancias, pero no deja de ser triste y chocante.

En cualquier caso, durante mi tiempo en Martos, también recuerdo al menos un par de incidentes violentos con mal final. A veces, antes de criticar, hay que preguntarse si uno es mucho mejor...

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lunes, 10 de abril de 2006

La banca del mínimo esfuerzo

Ya lo comenté en la entrada del 8 de Marzo: aquí se puede ir hasta al banco sin dar un paso. Y aquí está la prueba. En esta ocasión es sólo el cajero, pero también se puede hacer cualquier otra gestión desde el coche. Realmente aquí es difícil encontrar una ocasión para caminar más de 100 metros.




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domingo, 9 de abril de 2006

¡Cuidado con la botella!

Hace pocos días fuí al supermercado y compré, entre otras cosas, una botella de vino. En la caja, me atendió un chaval jovencillo. Fue pasando todas las cosas por el escáner pero iba dejando la botella para el final. Cuando ya solo quedaba la botella, le dije: "El vino también es mío"; a lo que me contestó: "Sí, ya lo sé. Ya viene".

Como yo soy más bien timidillo (sobre todo en otros idiomas) le dije: "Ah, bueno". Pero por dentro pensaba: "¿Qué o quién viene?. El chaval tiene carilla de acarajotao, pero no quiero pensar que esté esperando a que la botella venga".

Y ahí estabamos todos en reuníon: el chaval, su acné, yo, mi confusión y la botella en cuestión; esperando como el que espera en una parada de autobús. Yo, por salir de aquella ridícula situación de una forma airosa para los dos (tengo un sentido de la vergüenza ajena demasiado acusado) me llegué a plantear decirle: "¡Mira! ¡Un bote de Clearasil volando!" y aprovechar la confusión para darle un empujoncito a la botella. "¡Ah! Mira lo que tenemos aquí. Al final la botella se animó a venir al escáner. En fin, ¿qué te debo?". Pero no me atreví; soy un tímido plusmarquista.

Felizmente al poco llegó una señora, agarró la botella del fondo de la cinta, donde yo la había dejado, la pasó por el escáner y se marchó. ¡Equilicuá!. Supongo que debe haber alguna ley que prohiba a los menores _vender_ vino. O a lo mejor prohibe tocar las botellas; porque el chico ni se arrimó a ella en ningún momento. Realmente el vino debe estar considerado una cosa muy peligrosa aquí. No sólo no pueden consumirlo los menores de 20 y tantos años, sino que además ven un riesgo el que el chico me venda A MÍ una botella para que YO me la beba. Debería haberle rozado distraídamente con la botella al meterla en la bolsa para comprobar si le daba un ataque de histeria o saltaba alguna sirena.

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