3 de Julio. Aprovechando la calma antes de la tempestad del día nacional de EE.UU., me fui a visitar Indianápolis. Lo había estado dejando hasta ahora porque no siento una especial pasión por modelo de ciudad de por aquí.
En un día de bastante calor, me encontré justo lo que me esperaba: una ordenada y limpia ciudad. Una de esas ciudades americanas donde realmente te das cuenta de la opulencia y el lujo de este país (si vas a los barrios adecuados). Una agradable ciudad, pero otra ciudad que te deja frío, impersonal. Me gustó lo que ví, pero es significativo el hecho de que pasé más tiempo en centros comerciales que viendo la ciudad. En la oferta cultural hay un par de museos de deporte, tema que no me apasiona para un museo y que me recuerda a mi fiasco con el museo Experience Music Project de Seattle, donde lo único que me pareció interesante fue lo que se veía por fuera: el edificio de Gehry. También hay una filarmónica, que debe estar muy bien, pero demasiado lujosa para un humilde españolito como yo; un museo de la historia de Indiana y un museo de arte que quiero ir a visitar otro día que no esté cerrado. Volveré alguna que otra vez; quiero pensar que Indianápolis aún me reserva alguna sorpresa.











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