Este verano tuve algo de compañía. Una pareja de amigos se iba de vacaciones tres semanas y me dejaron al cargo de su gata, Siberia. A cualquiera que me conozca le habría parecido una imprudencia, pero la cosa salió bien. Nos entendíamos la mayor parte del tiempo, salvo cuando le brotaba el instinto destructivo.
Pero generalmente había buena simbiosis: ella me daba compañía y adorno (los gatos me parecen muy "estéticos") y yo le proporcionaba comida y un sustrato caliente cuando quería echarse una siesta. Eso es prácticamente todo lo que se le puede pedir a los gatos, aparentemente desprovistos de sentimientos o empatía.
Pero nosotros sí somos empáticos; por eso siempre es un placer volverla a ver cuando hago una visita a mis amigos. Como con los niños, verlos bajo la tutela de otros siempre es más agradable que bajo la propia.
domingo, 5 de noviembre de 2006
Siberia
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9:21 a. m.
Etiquetas: Vida cotidiana
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1 comentario:
Ja, Ja.... vaya post más oligofrénico...
¿cuando uno de tu planta bonsai?
P.D.: Me ha gustado... je, je...
Escribe más de cuando en cuando, perra.
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