Como nos gustó, y como no sabemos de mucho más que se pueda hacer en Indiana, volvimos al poco tiempo.Aquí, una foto esperando a un compañero. Se podría decir que somos muy buena gente, pero la verdad es que íbamos medio picados entre nosotros; unos por escaparse y otros -yo- por no darles el gusto de dejarme atrás. Así que cuando estábamos muertos de intentar reventar los pulmones a los otros, alguno decía "Vamos a esperar a Boris ¿no?" y los otros, también con el alma fuera del cuerpo: "¡Sí, sí! Vamos a esperarle". Al rato llegaba Boris, que no tiene nada que ver con Izaguirre y mucho menos con Indurain. Para cuando él nos alcanzaba, rojo como un tomate, nosotros ya estábamos frescos y con ganas de seguir intentando desfondar a los demás. Y así recomenzábamos, bien descansaditos y sin dejar tiempo para recuperarse a nuestro compañero al que tan gentílmente esperábamos. ¡Qué buena gente!


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