Este año el mundial de F1 está calentito. En realidad, me daba igual como estuviera, no podía dejar pasar la ocasión de ver la F1 en Indianapolis en una época en que hay un español con posibilidades.
Compré entradas para la curva 10. Por la afición de los americanos a las fórmulas Indy y Nascar, ya sabía que en las zonas de rectas, donde se alcanzan mayores velocidades, sería más complicado conseguir entradas. Pero yo prefería una zona lenta, con virajes; eso me permitió ver algunos intentos de adelantamiento. Además, en los entrenamientos de la Indy 5oo ya me di cuenta de que cuando un coche pasa delante tuya a 300 km/h, apenas ves sus colores y poco más.
Al circuito se puede entrar con alcohol, así que fuimos bien preparados con una hielera cargada de cervezas. Justo al llegar allí nos dimos cuenta de que no fue buena idea comprarlas en botella: sólo dejaban entrar con latas. Así que, como íbamos con tiempo, nos dimos un pequeño festín a la entrada del circuito. También hicimos amigos regalando alguna cerveza y, como hacía calor, hasta nos ofrecieron comprar alguna. Aceptamos, claro; no se trataba de entrar al circuito más contentos de la cuenta.
Como es sabido, al final ganó Hamilton, seguido de Alonso.
Mi estancia en EE.UU. está siendo la de "una bien, pero no más". La F1 se ve mejor en la tele.



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