Hasta la fecha, Chicago es una de las cosas que más me han gustado de EE.UU. Como "solo" está a unas 5 horas de ruta, había que repetir visita. El problema de Chicago es que parece ser que en invierno hace un frío de narices. Tenía que ir antes de que llegase el mal tiempo.
¡Y menuda suerte tuve!. Hizo un fin de semana precioso, soleado y cálido. Sin duda, lo mejor del fin de semana fue el paseo por la "playa" del lago Michigan: una verdadera playa con olas, arena fina, gente haciendo deporte, ...con lo que yo echo de menos el mar aquí. Y todo eso, con el impresionante perfil de los rascacielos de Chicago como marco de la foto. Me habría gustado tener a la gente querida allí para compartirlo.
Tengo una chaqueta en la que pone "España". La vi en una tienda de Columbus y, como me hizo gracia (o por morriña), me la compré. No me la pongo mucho pero parece un imán de españoles. Me sirvió para conocer a la única española (andaluza, para más coincidencia) que vive en la misma ciudad que yo. Pero esa es otra historia.
La primera noche en Chicago, me puse mi chaqueta de España cuando salimos a buscar dónde cenar. Pasamos junto a un restaurante español en el que no tenía la intención de entrar porque la experiencia me dice que los restaurantes españoles en el extranjero son malillos o no son españoles en absoluto. El gran peso de la cocina española lo lleva la calidad de la materia prima, y es difícil traerla de tan lejos.
Al pasar junto a la puerta, me saludó (por mi chaqueta) un señor que parecía un currante echando un pitillo en su descanso. La primera sorpresa fue que el señor era de Granada, así que estuvimos hablando de la tierra. La segunda sorpresa -mayor- fue que resultó ser el dueño. Nos animó a entrar y nos invitó a una botella de vino y un buen plato de productos de la tierra: jamón, queso, aceitunas, ...eso para un español en el exilio vale más que el oro.
El restaurante resultó estar muy bien: grande, muy concurrido, con un montón de camareros y una carta amplia. Emilio´s Tapas Bar se llama. Al parecer, el hombre tiene varios restaurantes en el estado de Illinois; un pequeño imperio. Y ahí estaba, campechano y sencillo como cualquier camarero. Si alguna vez pasas por Chicago, hazle una visita. Emilio dice que en Chicago hay mucho ingeniero español (ya me gustaría a mí ser uno), lo que él necesita son cocineros.
Esa fue la anécdota del primer día; la del último día fue ver a los famosos bomberos americanos en acción. Estábamos caminando de regreso hacia donde teníamos el coche y empezaron a sonar sirenas y llegar coches de bomberos casi a nuestra altura. En un minuto llegaron más de cinco coches y camiones de bomberos y dos o tres de policía. Seguimos caminando y vimos lo que pasaba: humo saliendo del ático de un edificio de apartamentos. Al final resultó ser un incendillo de tres al cuarto que apagaron 3 bomberos en un plis-plas, pero eso no impidió que subiesen al menos 20 bomberos antes de determinar que no era gran cosa. Es impresionante los medios que desplegaron y lo poquísimo que tardaron en llegar y desplegarse.
Me hizo pensar en el chiste del hombre que salió de la cárcel en un día de huelga de taxistas y, al gritar "¡Libre!", le saltaron 5 personas encima. Aquí enciendes un mechero y te saltan en lo alto 15 bomberos con mangueras, hachas y escaleras. Bravo por ellos.
El relato ha sido largo, pero el fin de semana fue intenso y, de hecho, lo he resumido todo lo que he podido. El resto, se puede ver en el álbum de fotos.
domingo, 30 de septiembre de 2007
Chicago II: ¡Por fin una playa!
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viernes, 28 de septiembre de 2007
Appreciation day
Una vez al año la empresa celebra el "appreciation day", un día donde nos ofrecen una comida (no exquisita precisamente) a todos los empleados y hay algún que otro festejo y regalillo. En lugar de una hora para comer, ese día tenemos dos. A mí se me hace un poco incómodo, no sé si por mi timidez o por lo crutre que es; así que voy, como, me doy una vuelta rápida y vuelvo al trabajo.
Hay karaokes patéticos, rifas, trenecitos musicales y ese juego que estamos acostumbrados a ver en las películas y que se llama "Dunk tank":
La cesta de Navidad con paletilla, queso, ibéricos y vinos que me daban en la empresa en España; eso sí es mostrar aprecio al empleado. Señores, si quieren al empleado, ¡díganselo con ibéricos!
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9:15 p. m.
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jueves, 27 de septiembre de 2007
Chri$tma$ II
El 19 de noviembre del año pasado comentaba mi sorpresa por ver tan pronto una de esas insoportables películas navideñas con Santa Claus haciendo el bufón.
Este año han batido el récord, no dejan de sorprenderme. Hoy, 27 de septiempre, cuando llevamos 4 días de Otoño, he visto en la tele el primer anuncio de cine-chorrada navideña. Creo que ahora va del hermano malo de Papá Noel y se estrena el 9 de noviembre.
Si esta gente son capaces de estirar de esta manera el temita del barbudo de rojo, qué no podremos hacer en España con las andanzas de la Pantoja...
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9:18 p. m.
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domingo, 23 de septiembre de 2007
sábado, 1 de septiembre de 2007
Smoky Mountains
El Great Smoky Mountains National Park está a caballo entre los estados de Tennessee (¿o es Tteenneessee?) y North Carolina, en la cadena montañosa de los Apalaches. Con más de 9 millones de visitas al año, es el parque nacional más visitado de EE.UU., doblando el número de visitas del Gran Cañón y casi triplicando el de Yosemite.
La visita me gustó, estuvo bien y todo eso... pero no creo que sea para tanto. Creo que las únicas causas que pueden explicar ese elevadísimo número de visitas son:
- El parque está prácticamente entre el Midwest y el South americano. Si miras en mapa, verás que no hay gran cosa de interés en muchas millas a la redonda.
- Probablemente gran número de esas visitas sólo van al parque a hacerse una foto frente al cartel de entrada (eso lo vi yo con mis ojos) y luego se van hacer turismo-basura en las ciudades-feria de alrededor (Pigeon Forge, Gatlinburg, ...). Algo así como un Las Vegas cateto. Quizás esto de deba a que es zona de hillbillies. No me voy a enrollar ahora explicando lo que es un hillbilly, pero se puede resumir en que eran unos habitantes de las montañas con muy bajo desarrollo económico y cultural...
Me habría encantado hacer rafting (descenso de rápidos), pero estaban ya anotando reservas para el año que viene... Al menos pude dar un paseo en caballo. A mí me tocó el caballo más veterano, "Galberth", y por eso yo iba cerrando la fila. Se supone que no debía dejarle pastar, tirándole de las riendas, pero Galbreth era caballo viejo y estaba de vuelta de todo. Pasaba de mí como del aire y le gustaba guardar más distancia para no pegarse al trasero del caballo de delante. Solo hacía caso cuando un guía, un par de caballos más adelante, le silbaba. Entonces daba un pequeño trote como diciendo "¡ya va, ya va!".
Pese a todo, me gustó el carisma pasota de Galberth e hicimos buenas migas. Creo que ese caballo tenía más personalidad que yo. Me harté de reír con el amigo Galberth.
No quiero hacer la entrada demasiado larga, así que lo mejor es ver directamente algunas fotos.
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2:52 p. m.
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