Una vez al año la empresa celebra el "appreciation day", un día donde nos ofrecen una comida (no exquisita precisamente) a todos los empleados y hay algún que otro festejo y regalillo. En lugar de una hora para comer, ese día tenemos dos. A mí se me hace un poco incómodo, no sé si por mi timidez o por lo crutre que es; así que voy, como, me doy una vuelta rápida y vuelvo al trabajo.
Hay karaokes patéticos, rifas, trenecitos musicales y ese juego que estamos acostumbrados a ver en las películas y que se llama "Dunk tank":
La cesta de Navidad con paletilla, queso, ibéricos y vinos que me daban en la empresa en España; eso sí es mostrar aprecio al empleado. Señores, si quieren al empleado, ¡díganselo con ibéricos!
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