Hacían más de tres años que me había despedido de París y ahora se me presentaba la oportunidad de regresar, por motivos laborales.
La visita fue algo agridulce. Agria por la parte de trabajo y logística: por ahorrar dinero a la empresa trabajé 10 horas por día, saltándome comidas, tragándome el jet-lag sin descanso, corriendo de una punta a otra de París en transporte público, etc.
La cosa ya empezaba mal cuando me encontré que el hotel me había dejado tirado sin habitación (hotel baratillo y que había reservado yo mismo para ahorrarle a la empresa). A partir de ahí, una larga odisea que, por abreviar, no voy a contar en detalle pero en la que tuve la inestimable ayuda de mi ángel de la guarda desde la otra punta del mundo.
Bueno, sí tengo que contar que, en la primera noche, tras más de un día sin dormir, tuvo que sonar la alarma de incendios de mi hotel. Todos a la calle en pijama y, en mi caso, descalzo. En semejante racha, hasta me sorprendió que la alarma fuese falsa.
Como moraleja, aprended que hay que ser igualmente serio como comprador y como vendedor. Si la empresa espera un trabajo serio y profesional de tí, hay que ser igualmente serio cuando vendes tu trabajo y tu tiempo a la empresa.
En la parte dulce, fue una gran alegría reencontrarme con esta ciudad que tanto me gusta. Volver a ver a amigos que quizás veré pocas o ninguna vez más en mi vida. Disfrutar del estilo de vida europeo, con sus ventajas e inconvenientes, pero que es el mío.
Esta vez traté de recorrer París por esas otras calles que no recorren los turistas, pero sin dejar de visitar algunos de mis rincones favoritos. Pese a la bulla de la ciudad, sentí una sensación enorme de paz paseando una vez más por sus calles. Pero también sentí que, sin los compañeros de mi periodo parisino, las sensaciones no volverían a ser la mismas.
La cosa ya empezaba mal cuando me encontré que el hotel me había dejado tirado sin habitación (hotel baratillo y que había reservado yo mismo para ahorrarle a la empresa). A partir de ahí, una larga odisea que, por abreviar, no voy a contar en detalle pero en la que tuve la inestimable ayuda de mi ángel de la guarda desde la otra punta del mundo.
Bueno, sí tengo que contar que, en la primera noche, tras más de un día sin dormir, tuvo que sonar la alarma de incendios de mi hotel. Todos a la calle en pijama y, en mi caso, descalzo. En semejante racha, hasta me sorprendió que la alarma fuese falsa.
Como moraleja, aprended que hay que ser igualmente serio como comprador y como vendedor. Si la empresa espera un trabajo serio y profesional de tí, hay que ser igualmente serio cuando vendes tu trabajo y tu tiempo a la empresa.
En la parte dulce, fue una gran alegría reencontrarme con esta ciudad que tanto me gusta. Volver a ver a amigos que quizás veré pocas o ninguna vez más en mi vida. Disfrutar del estilo de vida europeo, con sus ventajas e inconvenientes, pero que es el mío.
Esta vez traté de recorrer París por esas otras calles que no recorren los turistas, pero sin dejar de visitar algunos de mis rincones favoritos. Pese a la bulla de la ciudad, sentí una sensación enorme de paz paseando una vez más por sus calles. Pero también sentí que, sin los compañeros de mi periodo parisino, las sensaciones no volverían a ser la mismas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario