domingo, 25 de mayo de 2008

Kentucky, el estado del caballo

Aprovechando un fin de semana de 3 días, decidí hacer un pequeño tour por el estado vecino del sur. Primero me iría con unos amigos a visitar la principal ciudad, Louisville y luego me iría solo a recorrer algunas carreteras secundarias, aprovechando que me acababa de comprar un GPS.

Ya un compañero me había aconsejado Louisville sobre Indianapolis. Me decía que tenía "más color" (curiosamente, este compañero era "de color"), pero no le dí mucha importancia porque cualquier cosa es más interesante que Indianapolis. Realmente, exceptuando Chicago, Louisville es lo más interesante que se puede visitar a menos de 5 horas de coche a la redonda.

El centro de la ciudad es colorido y no está tan, tan muerto... Además, la ribera del río Ohio le da saborcillo. Visité la fábrica-museo de la marca más famosa de bates de baseball, otra interesante fábrica-museo de objetos decorativos de cristal y un hotel-bar-museo llamado Proof-on-Main. Cuando vives en el Midwest profundo, se agradece bastante ver un poco de arte moderno.

Aquí se celebra el famoso Kentucky Derby, así que no es de extrañar que hayan múltiples y ricas granjas de caballos, un sector que mueve mucho dinero. Profundicé más en el estado para conocer este "Jerez americano".

Primero, un breve paso por Frankfort, la capital del estado. Es una pequeña ciudad meramente burocrática. Aburrida, pero con cierto regusto histórico.

Y finalmente Lexington, la capital ecuestre del estado. La ciudad estaba muerta por aquello del puente de 3 dias, pero el atractivo de Lexington son sus alrededores: grandes granjas hípicas, amplias colinas verdes atravesadas por vallas blancas que ondulan siguiendo la suave orografía del terreno, caballos que pastan tranquilamente por aquí y por allá. Y no se veía un alma. Daba la sensación de estar en un país habitado sólo por caballos.

Sin olvidar el Kentucky Horse Park que, además de permitir disfrutar múltiples facetas del mundo hípico, sirve de hogar de retiro para grandes caballos de carreras.

Se podrían contar más cosas de este apacible viaje de fin de semana, pero no me gusta alargarme en las entradas de este diario.



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