Y ya le puse remedio a eso.
En principio iba solo a mirar, pero me acabé animando. Más que nada porque algunos de los que venían se echaron atrás en el último momento y era una buena ocasión para quedar como un machote (el hecho de que no me apasionen los coches, siempre pone en duda mi hombría...).Cuando era un chaval, le disparé una vez a un pajarillo con una escopetilla de aire comprimido. Vi como caía, casi a cámara lenta, de la rama en que estaba. Me sentí tan mal, que me dije que nunca más dispararía contra un ser vivo. Nótese la abrumadora inconsciencia que tenía (o tengo) de la conexión entre mis actos y sus consecuencias.
Por aquello, y por otras cosas, siempre he tenido un gran desinterés por las armas de fuego (this dude is gay, no doubt about it!). Pero ese día me dije que había que probar.
Por lo que se pudo deducir de mi actuación, la cosa consiste en ponerse allí y gritar "Pull!". Entonces sale un disco volando delante tuya y disparas, sin que haya mas conexión entre una cosa y otra. Y así en 20 y 25 ocasiones, sin más historia. Bueno sí, 2 o 3 veces al disco le dió por cruzarse en el camino de mis perdigones, sin que se pueda decir que fuese un acto voluntario por parte del disco, ni mía.
En una de las tandas, disparó junto a mí un señor de unos 90 años (o los aparentaba) que apenas podía andar, pero siempre le daba al disco. No se me ocurre ningún comentario ingenioso al respecto, pero es toda una lección de humildad.
sábado, 28 de abril de 2007
Uno no se puede ir de este país sin pegar un tiro
Publicadas por
el autor
:
7:43 p. m.
Etiquetas: Vida cotidiana
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario